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viernes, abril 23, 2004

Laboratorio de misóginos

Por Antonio Flores Schroeder
-De verdad, sí me pasó por la mente buscarlas ahí. Creo que aquellas cosas... cómo se llaman, mmmm, esperate, creo que las tengo en la punta de la lengua-
-Ahi Norma, -interrumpió Germán enojado- siempre con tus olvidos, en esta semana metiste en tantos problemas al equipo investigador-
-La borraja, (Una explosión sus palabras) ya ves, sí me acuerdo, no exagere las cosas don Germán-, las palabras de la química Barrón sucumbieron a los demás y René, desde la esquina de la oficina le gritó:
-A ver si no confundes la borraja con una rosa-
Todos los que estaban ahí desde la noche anterior se burlaron, como desahogándose del estrés. La refigeración del edificio Cuarto Militar impedía que a los científicos les diera sueño, sin embargo el café colombiano que habían llevado desde Nogales a Phoenix con el contrabando de cigarros cubanos, era el mejor despertador.
-Dinos la verdad, Norma, ¿Te pasó por la mente buscarlas ahí si ó no?- dijo en voz alta mientras retiraba sus ojos del microscopio, como escorpión que abandona el cadáver de un conejo.
Súbitamente Norma preguntó a los demás si ya estaba listo el análisis de la borraja
-No cambies de tema, acepta que lo olvidas casi todo- replicó Germán Valtierra desde el otro lado donde se encontraban los tubos de ensayo, esos arcoíris diminutos que cuelgan de las paredes blancas de cualquier laboratorio.
-Ya está bueno cabrones, con eso de que aquí hay puros pinches hombres misóginos parece que aprovechan cualquier pinche rato para hacerme encabronar, ya ni la friegan-
El silencio fue sepulcral. Jamás Norma decía palabras que hirieran la sensilibilidad de los guatemaltecos y mexicanos que pasaban días enteros para encontrar alguna formula o lo que los europeos y norteamericanos ya habían descubierto años atrás. Germán y el patólogo giraron la cabeza y los demás desaparecieron casi antes de que concluyera la misa de enojos de la mujer juarense.
A los pocos minutos Germán, con su vestimenta oaxaqueña regresó. Se paró frente a ella y le miró tranquilo de pies a cabeza:
-Tienes un gran problema con esto de tus olvidos, los de las llaves fue el colmo, nunca debiste haberlas dejado en el refrigerador, contaminaste la comida de todos nosotros. Además aquí no nos sirven las mujeres. Quedas despedida-.

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