martes, junio 17, 2003

El fontanero y su amiga

La primer vez que fui abrir la puerta ella estaba como hoy. Su silueta denotaba cierto cansancio y su voz era un dejo de resurección. Pensé que venía de algún circo en crisis o un periódico en quiebra, por lo que saqué un par de monedas de mi pobre bolsillo.
-No, no piense mal, no vengo a pedirte dinero- me dijo con una sonrisa hechizante.
-Buenas noches, qué se le ofrece- le interrogé. Pensaba que aquello se trataba de alguna broma o equivocación (por aquello de la vestimenta).
-Vengo de parte de El Diablo- soltó su bocanada (yo reí)
-Orale- fue lo único que alcanzé a decir.
-Me dijo que cuándo podía venir para arreglarle la tubería de su fregador, porque usted anda buscando a un fontenero ¿verdad?-
Lo que menos me preocupaba en ese momento era si se trataba de El Diablo, de un ángel o quién sabe que chingados. Yo necesitaba evitar que se siguieran formando rios que arrastran comunidades enteras de hormigas hasta llevarlas a la playa de la sala, ahí, en la alfombra de arena.
(un día que llegué a casa con una copas o botellas de más me quedé dormido a un lado del sofá donde acostumbro a leer libros -El libro vaquero, por ejemplo- y para mi suerte amanecí a las once de la mañana flotando en una pequeña alberca junto a miles de hormigas que imploraban ayuda. Fue terrible)
-¿Cuándo puede venir a tapar la fuga-? le dije.
-Puede venir mañana... ¿como a qué horas está usted? su pregunta inquisidora.
-Estoy toda la mañana. No trabajo-.
-Mañana vendrá, espérelo-.
La mujer de extrañas vestimentas se alejó. Nunca había visto a una mujer que anduviera ofreciendo servicios de fontanería vestida de abejorro, pero en fin, no quise preguntarle el por qué de su ropa, me dio miedo que optara por no decirle ni madre al fontanero.
Al día siguiente tocaron a la puerta cinco, seis, siete veces.
-¿Quién?- interrogué con un grito desde la cocina.
-Vengo a arreglar la fuga de la cocina, soy El Diablo-
Abrí la puerta entusiasmado. Era el experto en tuberías. Un enano como de unos setenta centimetros, vestido con un traje de gala, y atrás de él, la señora vestida de abejorro. Era una estampa urbana digna de alguna película cómica -o de terror alemán-.
-Pásenle- atiné a decir.
Me pareció verdaderamente extraño que ninguno de los dos trajeran herramientas.
-Disculpe... yo no tengo una sola herramienta en casa-
-No se preocupe- me dijo la mujer antes de que ambos soltaran una risotada casi demoniaca.
Al llegar a la cocina el tipo empezó asacar de entre sus bolsas una y otra y otra servilleta. Yo lo veía incrédulo. ¿Cómo era posible que aquel puto enano le cupieran en la bolsa del traje tantas servilletas.
Ingenuo que soy le dije:
-¿Para qué quiere tanta servilleta mi estimado?
Los dos volvieron a reir desproporcionadamente.
-Creo que no conté ningún chiste señores. ¿Para qué quiere tanta servilleta?- alzé la voz.
No contestaron.
Pronto empezé a pensar que había algo raro detrás de too esto: un enano vestido con traje y una mujer vestida de abejorro, nunca debieron haber entrado a casa. Hasta el día en que escribo esto me arrepiento de haberlos dejado ingresar a mi hogar.
El hombrecito sacó una pinzas después de haber sacado más de cien servilletas y empezó a pegárselas con una cita adhesiva a la mujer por todo el cuerpo. Yo estaba estupefacto. Al terminar el enano cerró el paso del agua y así como así, empezó a meter a fuerza a la dama abejorra por la tubería que va hacia la cañería, hasta que logró hacerlo por completo. Yo en ese momento no podía hablar.
De igual forma el elegante señor de tan pequeña estatura comenzó a meterse. Tardó unos cinco minutos. Sus gritos -que me supongo era porque debió haberse quebrado varios huesos de la cabeza eran atormentadores- se escuchaban con toda seguridad hasta el patio donde está el Winnie (mi perro salchicha) que empezó a ladrar.
Cuando sólo le quedaba la mano afuera jaló el tubo de arriba y lo pegó desde adentro.
Aunque no le puedo contar esto a nadie por razones de salud mental, la única que regresó a casa fue la mujer. Ahora somos buenos amigos, aunque no me sigue pareciendo correcto su vestimenta (ni como mastica uno de los brazos del Winnie) Pinche abejorra.


lunes, junio 16, 2003

Carta importante que deben leer todos los involucrados en la literatura chihuahuense; he aquí una prueba más de la ineficiencia y corrupción que existe en el ICHICULT en la presente administración del Gobernador Patricio Martínez:


Ciudad Juárez Chih., México, a 3 de junio de 2003.
Arturo Rico Bovio
Presente

Por medio de la presente le manifiesto mi inconformidad ante los manejos financieros de Josefina Sandoval, Coordinadora de los Talleres Literarios del Estado.
Yo fui coordinador del Taller Literario del Valle de Juárez, ubicado precisamente en San Agustin por un periodo de dos años, dada la premura de esta carta, no puedo darle con precisión que meses de esos dos años me pagó.
Después de ese tiempo por cuestiones personales no pude continuar dando el taller en ese lugar, pero lo segui impartiendo en mi domicilio con la misma frecuencia con la que se estableció el programa.
Los informes de todas estas sesiones fueron entregados a Josefina Sandoval junto a los recibos correspondientes, de mi parte admito haber entregado estos documentos fuera de tiempo, pero eso no es pretexto para que no se paguen las cantidades expresadas en esos recibos, ya que toda empresa o institución, debe tener un apartado de “cuentas por pagar” y me parece extraño, por no decir que sospechoso, que el Instituto Chihuahuense de la Cultura no se maneje asi.
Aqui voy pues al asunto central de esta carta, buscar si por medio de usted, es posible que esta persona me regrese los recibos que jamás me pagó, deben de ser aproximadamente unos 8 recibos por la cantidad de 1050 pesos cada uno, aclaro que no estoy exigiendo un pago, sino la devolución de mis recibos, ya que yo debo declarar impuestos y me parece injusto pagarlos por ingresos que en realidad no tuve.
El último paquete de recibos e informes fue entregado en diciembre de 2002, junto con una renuncia de caracter irrevocable, esos recibos comprenden el periodo de junio a noviembre del mismo año.
El taller sigue funcionando de manera independiente, ya que sin los requísitos administrativos y burocráticos de Josefina Sandoval, los talleres funcionan mejor, sirva de ejemplo la obtención de una beca en la categoría de jovenes creadores del Fonca-Ichichult por parte de uno de los integrantes de este taller, me refiero a Jesus Armando Molina y su proyecto “Traveler”, mismo que elaboró en el taller que coordino.

Sin más por el momento me despido de usted

Edgar Israel Rincón Luna
Coordinador del Taller de Literatura Independiente de Cd. Juárez

martes, junio 10, 2003

Añoro los tiempos de los Pet Shop Boys, por ejemplo, "It's A Sin" en una carretera rumbo a Dallas -o Villa Ahumada-.
Yo he de haber estado muy chavito, lo único que recuerdo es que mis vecinos que debían de tener unos 17, 18 años jugaban Volley Boll en el parque todo el santo día con un cartón de Coors Light bien frias. Era la época de la coca y la música de Depeche Mode.
Había muchos carros convertibles y todo mundo usaba camisas floreadas estilo Miami Vice. Era un muy buen trip.

lunes, junio 09, 2003

Cuatro meses

Hace casi 120 días que llegué a Nogales, Sonora, una ciudad distinta, además de que uno tiene que ir siempre a los mismos bares -hay muy pocos que me gustan. sólo tres- es seis veces más pequeña que Ciudad Juárez. Sus habitantes son buena onda, muy amables por cierto, ejemplos: siempre te darán el paso en una calle, todavía respetan a los peatones y si te encuentras a alguien caminando, regularmente te saludará deseándote el buenos días, tardes o noches.
Existen cosas muy extrañas como los sitios de taxi. Puedes encontrar uno en cada esquina, yo no sé de qué viven (bueno si sé, son polleros y venden cocaína, hace dos meses publiqué un reportaje de ellos) porque casi nadie los utiliza. Con seguridad en proporción Nogales sale ganando a mi otra frontera.
Otra cosa para apuntar es que como la 'urbe' no está situada en una planicie, está prácticamente fincada sobre cerros (para los que conocen Parral, se parece un poco, nomás que hay unos 300 cerros más) lo que trae como consecuencia dos fenómenos extremos.
El primero que en época de lluvia (me dicen que llueve un chingo en la temporada) se hace un desmadre. La lluvia se lleva gente y las calles, muchas de ellas cauces naturales, se convierten en la peor pesadilla para los nogalenses. Hay muertos e infinidad de destrozos.
El lado positivo se puede encontrar que con tanta bajada y subida las mujeres tienen que hacer un ejercicio bastante agotador. Producto de esto hay mujeres buenas a lo bestia, a lo bestia, entiéndase así.
Aquí odian a los sinaloenses, allá a los torreoneros, veracruzanos y chilangos.
Aquí hay comida de mariscos cada tres metros, allá -para fortuna de Edgar Rincón y mia- hay burrerías cada dos pasos.
Aquí el PRI está fuerte, allá el PAN es el chingón.

Peligro (sin miedo)
Empiezo a sentir un extraño sentimiento de lejanía, la verdad no sé si voy a volver (tengo que ir a ver a mis niños) o me quedaré en definitiva.
El narcotráfico no perdona a periodistas 'valientes', ni los narcofederales les gusta perder su empleo, menos al subdelegado de la Procuraduría General de la República, al cual ya le tiramos su circo. Dicen también que los polleros (ellos tiene la segunda actividad ilícita más redituable después del narco) cuando se enojan, se enojan. Tienen contactos con medio mundo. Están cabrones pero por mi que vayan a chingar a su madre. Si regreso en un cajón de madera, por favor denuncien quién fue (yo apuesto a que será la Federal) Estén atentos.

domingo, junio 08, 2003

Diálogo perdido


-Es muy fácil pinche César-
-No creas, durante los últimos días no he podido dormir bien de pensar en hacerlo-
-Eres muy nervioso, deberías de ser más frio, que todo te valga madre...-
-Imposible. Lo que hemos venido haciendo con esa gente, a veces me provoca un cierto dolor-
-No mames- (interrumpe, se mesa el cabello)
-De verdad, a veces me arrepiento de eso. Ver llorar a sus hijos y la mirada extraviada de sus padres...qué poca madre... que culeros somos Daniel- levantó la voz.
-Será el pinche sereno, pero no te me vayas a rajar hijo de la chingada- Sus palabras son una amenaza, un relajante al final de cuentas.
Ambos rien y dan un trago a su cerveza. La sombra del arbol sobre la pared dibuja un crucifijo, los rayos del sol que se va, entran hasta el fondo, se puede ver en ellos las partículas, tierra en acción, ruido ensordecedor, los vidrios caen de forma lenta -rápida- una bala emigra la conciencia de César.
-Puta madre, dónde te dieron carnal, César, carnalito no pasa nada- Su hermano no respondía.
Daniel lo arrastró a un lado de la cama para protegerse. Sabía que en cuestión de segundos entrarían a rematarlos. Puso su oreja sobre el pecho del herido, el corazón latía agitado. La sangre emanaba del cuello. Era una herida de muerte, lo sabía bien.

viernes, junio 06, 2003

Treinta y tres años respondió el hombre de barba descuidada, hace muchos años, un chingo, diría yo.

¿Por qué has dejado tus sueños?
¿Cuánto cuesta el sentirse omnipotente?
¿Qué significa aparentar?
¿Quieres volver a nacer?
¿Qué recuerdas de tu infancia?
¿Crees que te salvarás rezando el Padre Nuestro?
¿A qué hora te levantas?
¿Por qué comes sin cesar?
¿Por qué lees esto?

martes, junio 03, 2003

Tras los cristales

En Nogales la vida pasa lenta. A veces pienso que estoy en un barco en el tiempo. Algo así como en los años cuarenta. Hay mujeres que caminan con rumbo indefinido por las banquetas con vestidos largos, hay niños con pequeños sombreros y hay varios Albertos Vázquez postrados tras los cristales de alguna tienda demencial. También usted puede encontrar cantantes, boleros, policías corruptos -como en todas las urbes- sonrisas al amanecer, mujeres muertas (como en Juárez). A veces, suele pasar que se cree llegar a un lugar, sin embargo se está en otro, a muchos kilómetros de distancia, de años luz.A veces uno tiene que escribir sin ganas de hacerlo, como ahora.
Desde un tiempo para acá sus pasos suspenden mis sueños. Ese abrir y cerrar de puertas, movimiento perpetuo de objetos entre los laberintos del pánico, ha provocado en mi una extraña manera de estar y no estar en esos lugares que alguna vez frecuenté junto a ti.

lunes, junio 02, 2003

Ana es Oriana, sus tres últimas letras, muertas,
sobre el reflejo el pantano
la arena, sus labios.
Una secuela de movimientos
en la cima de una montaña,
sin perder el equilibrio:
tres
dos
uno.