domingo, diciembre 07, 2003

Te hablé al celular y estabas en el cementerio.
-Vengo a visitar a mi papá- escuché tu voz.
Luego, imaginé la cruz y tus huellas sobre el camino de tierra, las nubes avanzando rápidas y el ruido de la ciudad escondido en el eco de un abrir y cerrar de ojos.
-Te hablo más tarde- silencio sepulcral.
Después, ese ruido de distancia, ese interminable tono agudo en el telefóno y caer de nueva cuenta en el castigo de las manecillas, tus manecillas.

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