domingo, diciembre 21, 2003

De niño esperaba verlo entrar por la ventana con un costal de regalos, de hecho, creo que en una ocasión en la Ciudad de México lo observé con su trineo cruzar el cielo de la gran urbe.
Ahora a muchos años de distancia de aquel milagro me he dado cuenta que la imaginación no tiene límites.

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