martes, diciembre 02, 2003

De bosques macabros y cómo se puede vender todo el periódico a hora temprana

Ahí estaban Jesús y María. En ese banco se habían visto la mayoría de las veces que iban a esa parte del bosque en las afueras de la ciudad. La tarde caía a plomo y el viento y la tierra levantaban algunas nubes sobre las hormigas.
La historia de esta pareja es aterradora, peliculezca: "La besaba, mientras que... (hizo una pausa y continuó) Yo estaba a su derecha y cuando la abrazaba, entre la oscuridad de los árboles vi correr a alguien. Al principio creí se trataba de una sombra, pero lo vi otra vez. No era un ser humano. Parecía un simio, su cuerpo era encorvado y llevaba un animal muerto, parecía un conejo", declaró Jesús al Ministerio Público del Fuero Común, después de lo acontecido.
Y agregó:
"Luego, por algunos minutos, dejé de verlo. No quería que ella se diera cuenta para que no tuviera miedo".
El día había terminado su ciclo. La luna dormitaba sobre la frondosidad de esos extraños árboles mágicos que siempre han llamado mi atención. Cuando era pequeño mi padre me llevaba a esa parte del bosque. Son unos árboles de ensueño. Altísimos, terinta o cuarenta metros y su oleaje verde comienza a por lo menos, diez metros de altura.
"Al paso de varios minutos (Debieron haber sido como la ocho y media pe-eme) escuché un ruido cerca de nosotros. Fue cuando ella me pidió que nos fuéramos. Y le hice caso. Fue entonces cuando pasó lo que pasó. Lo vimos frente a nosotros, como a diez metros. María gritó y él, ese animal se abalanzó sobre ella mientras lanzaba una mezcla de alarido y llanto. Me la arrebató. La arrojó contra un tronco y luego a otro, y a otro, hasta que todo fue silencio".
El Ministerio Público salió de la Primera Agencia de la Procuraduría con el rostro pálido, después de escuchar las declaraciones de Jesús en el parte policiaco. Apenas le dio dos fumadas a su cigarro y lo arrojó como un misil sobre Checoslovaquia en llamas.
Los periodistas que leímos el documento y ante el cual el MP nos pidió 'guardar discreción para no alarmar a la ciudadanía' no creímos absolutamente nada, hasta que un compañero de un periódico de la ciudad de Hermosillo, Sonora y yo fuimos a la escena del crimen.
El sitio parece sacado de un cuento de Allan Poe. El ruido de las hojas secas de los árboles con las húmedas corrientes del viento es estremecedor. Millones de hojas dentro de un gran coro marcial. Abominable.
Todavía había manchas de sangre y alrededor de ellas los círcolos rojos y amarillos que el forense había dibujado para tratar de esclarecer el bestial asesinato. Olía a miedo y por momentos, producto de nuestra imaginación, logramos escuchar los ecos de los gritos de la mujer antes de morir. La piel nos tembló.
"Pues el lugar podría ser apto para una película de King", alcanzó a decir mi amigo periodista. Yo solo reí.
Los gritos de dolor se volvieron a escuchar. Esta vez fueron con más claridad. Y en pocos segundos un alarido bestial entre los miles de árboles. Desde ese momento supe que Jesús era inocente y ambos decidimos presentar la historia en nuestros respectivos periódicos.
Desde luego nadie nos creyó pero a los editores les pareció atractivo el relato y lo publicaron en primera plana y a ocho columnas. Se vendió todo el periódico antes de las ocho de la mañana.
Desde ese día nos volimos famosos y convertimos esa parte del bosque casi en un lugar mítico al que nadie se atreve a entrar.
todavía hace entre cinco y seis veranos cuando estaba leyendo Rayuela de Julio Cortazar en la hamaca del jardín trasero de mi casa, volví a escuchar aquellos gritos de la muerte de María. No entiendo porque quieren que me acueste en la paredes. Le pusieron colchones en las bardas del patio y cada vez me lastimo menos cuando por creerme toro, me estampo contra las bardas. Mi casco de futbol americano está averiado pero todavía me protege de los rayos ultravioleta.
Como cambió este mundo por aquel asesinato.





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