jueves, noviembre 20, 2003

Una de cal por diez de cáncer

Enterarse de que uno tiene cáncer puede ocasionar seis tipos de transtornos después de las diez de la mañana:
Primero, salir a correr entre el tráfico vehícular de la avenida principal y regalar a los niños olvidados todo cuanto se traiga en el bolsillo; segundo, disminuir la conceptualización de las palabras que hieren a propios y extraños y guardarlas en el cajón donde (a veces) olvidaba las fotografías de quien alguna vez fue la esposa de tu mejor amigo y ahora es tu amante; tercero, rasurarse la barba totalmente desnudo sobre el techo de la casa de una vecina mientras ve su telenovela preferida, y (o) jalarle la cola a su gato para que lanze ese ruido que podrá excitarla; cuarto, hacer llamadas diarias a tu urbe natal y tratar de recomponer la situación económica que dejaste "en la ciudad del burrito y la violencia" por no seguir bajo el deleite del chicharrón envuelto en tortillas de harina; quinto, leer todos los días antes de empezar a laborar en un periódico de segunda al buen Solzimer, Lola, Zerk, Santa o cualquiera quer sea de Juéarez y por último, abrir el blog de manera más seguida y escribir por escribir, aunque sea esto que acaban de (mal) leer.

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