jueves, noviembre 13, 2003

Escribir por escribir. Poner los ojos sobre una hoja en blanco y arremeter contra ella. Enterrarle los cuchillos de la ira, golpear con las yemas de los dedos al tiempo; hacerlo sangrar, verlo morir a mis pies.
Escribir por escribir. Tolerar mi intolerancia, volverse hijo del Diablo y sacudir cualquier esperanza de volver a ver a Dios. Quitar los crucifijos, arrojarlos por la ventana y reclamarle tantas cosas, por ejemplo, qué por qué sucede esto o aquello, gritarle, pero gritarle con fuerza, hasta desgarrar las cuerdas vocales.
Escribir por escribir y mandar a la chingada todo, todo, todo.

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