martes, noviembre 04, 2003

Ella estaba del otro lado, sí, aún puedo recordar esa mirada de impotencia. Armida, Leticia, Adriana, o como se llame, sabía que el sueño comenzaba atardecer sobre la piedra, la tierra; entre-fronteras.
Bastó un recuerdo, un apretón de manos a metros de distancia; lágrimas de una mujer que arrojaba (sin quererlo) bombas a los viejos vestidos de verde y con sombrero.
Sangre, humo, gritos y al final, disparos.
-Ahora no vale lamentarse en vano- dije en voz baja.
-¿Para qué echarme a correr y tratar de ser un héroe?- me dormí con esa idea bajo un camión abandonado en El Sásabe, Sonora.
A mi amiga, Armida, Leticia, Adriana, o como se llame, se la llevó la Migra. Posiblemente la deporten por Ciudad Juárez, Tijuana, Nogales, o cualquier otra ciudad sin sonrisas.

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