lunes, julio 21, 2003

Una noche de borrachera con Maury R. (ZERK)


En el otoño del año 2000 mi amigo Mauricio y yo, adoptamos por costumbre embriagarnos en la vieja zona turística de Ciudad juárez, cuando el dinero no nos alcanzaba para comprar más de treinta y seis kilos de cacahuates. Mi amigo, el escritor, el soñador, es un tipo bueno, de eso no hay duda, de lo que guardo pequeñas inquietudes son con sus problemas (a intérvalos) emocionales que en ocasiones nos metieron en serios problemas con la Ley. Mauricio, cualquiera que lo conozca en la frontera el burrito y la violencia no me dejará mentir:
en ocasiones cuando la redacción se encontraba como después de una guerra, le daba por gritar incoherencias, estupideses pues.
Un viernes escupió desde su locura un lamento desgarrador. Cuando fuimos corriendo hasta su cubículo encontramos una imagen poco elegante. Zerk se encontraba descalso intentando pasar por encima de una tabla llena de clavos. Fue increíble, pero lo logró (con algo e sangre). Desde ese momento sabía que había que tener cuidado con él.
Terminando nuestro turno de trabajo e el periódico Norte de Ciudad Juárez, ese día le tocó la guardia, la cual salía antes e la media noche y yo en aquel entonces, (como hoy, pero en Sonora) era Coordinador Editorial, por lo que salimos a la misma hora.
Nos dirigimos a emborracharnos y nos encontramos con el buen Juan Pablo Santana que nos invitó al Open de la Avenida Juárez. Después de varias cevezas se me perdió. Eso no tendría nada de malo, si no fuera porque lo enconté parado de manos en la esquina del bar. Fue degradante. Dios (o Diablo) mio,- dije.
Mucha gente estaba alrededor contando el tiempo que había durado. Una amiga de él me dijo lo siguiente (o algo así):
-Qué le pasa a este cabrón, ya ni la chinga-
Pagó para que le pusieran como quince veces la canción de Pigs (Three Different Ones) de Pink Floyd. Mucha gente se salió y ahí empezó el problema . Ya no traíamos dinero y el dueño del bar nos quitó el pasaporte (el cual no volvimos a recuperar hasta después de diez meses)
Al salir de ahí (Juan Pablo salió huyendo por la pena, imagino) el tremendo Maury se quedó dormido debajo de un carro, que dizque para contar las tuercas del motor. Cuando despertó (yo decidí quedarme a dormir en un parque) tenía el rostro manchado de aceite. Era muy penoso verlo así.
Ahí fue cuando inventó lo de "Estamos en París" -cosa que me achaca a mi-. El tipo vagabundo que es inició su alarido: "Estamos en París. estamos en París. estamos en París..."
Eran como las cuatro de la mañana...

**(Lo demás lo cuento después, pero está igual de loco, ya contaré las veces en que fue acumulando sus libros en el congelador, según él para que no se enfriaran las historias, ahora ya ha cambiado un poco, eso espero, todo era producnto del divorcio, ¿verdad Maury?

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