domingo, julio 27, 2003

La lluvia ha empezado. Los niños regresan a casa con la ropa mojada, el perro juega entre los charcos del patio de enfrente. El señor que suele dispararle a los caminantes con su rifle .22 se asoma por la ventana, ha pospuesto su fantasía. El agua sigue corriendo por el cauce natural vuelto la calle 5 de febrero.
Mientras la tormenta pasa yo escribo en la terraza, me gusta ver la ciudad en blanco y negro y evadirme del mundo. Los bombardeos no se han vuelto a presentar, por eso las campanas de la iglesia más cercana no dejan de sonar. Dicen que por la noche los aviones regresarán, esperemos que no porque a mi escuadra sólo le queda un tiro y mi casa ya no tiene techo.

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