martes, julio 22, 2003

Cuarto Asfalto


En ocasiones la gente crea mitos o leyendas de las ciudades donde le ha tocado vivir. Algunas veces para mal, otras para bien. De esta manera legitimizan su estado emocional producto de su estancia en esos lugares. Lo anterior me recuerda a Juan Equis, el joven de treinta años, poeta frustrado con dos divorcios y una águila tuerta que decidió aceptar una invitación para ir a trabajar a un pueblo llamado Cuarto Asfalto.
Al principio las cosas pasaron de sobre manera bien: dinero, mujeres y algunos lujos olvidados en su infancia pudo disfrutar. Sin embargo, una mañana su águila estuvo a punto de morir y le bastó eso para decirle adiós a todo -o lo poco- que había logrado conquistar.
Desde ese momento todo en él fue negatividad, presagio del mal, engaño de muerte. Las calles, los estadios y el mundo de Cuarto Asfalto lo atormentaban.
A menudo en sus textos le decía "pueblucho" y hasta logró ponerle varios apodos como "Cuatro Calles", "Pueblo sin Ley" y otros etcéteras. Su coraje vencía la nostalgia. En lugar de plasmarlo en sus tristes y desgraciados poemas para mejorarlos, los empeoró, hasta que llegó el momento de regresar a ese desierto.
Entonces el mundo fue otro. Sus poesías, versos a fuerza de nada se tornaron chistes, breves desencatos del vocablo lunático. Todo era queja. Después de estar un mes en Cuarto Asfalto empezó a morir de hambre. Hasta el día en que escribo esto Equis no tiene casa ni comida, ni vida. Se volvió parte del mito creado por\no haber podido hacer nada. Triste historia. Dolor es Dora de antes.

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