Barra de video

Loading...

lunes, julio 28, 2003

Ha llovido durante dos semanas seguidas en Nogales. Me he dado cuenta que a este Municipio como muchos más en el País, le falta no sólo preparación sino un buen equipo a Protección Civil. Es increible que la página del Gobierno Municipal, en su espacio dedicado al clima no esté actualizado. La ciudad está en un lugar donde el agua baja de los cerros por los cauces naturales convertidos en avenidas, lo que suele provocar por las tardes un caos vial enorme. Nunca había visto llover de esa forma. Me da la impresión de que estoy en una zona tropical. Esto es un infierno.

domingo, julio 27, 2003

La lluvia ha empezado. Los niños regresan a casa con la ropa mojada, el perro juega entre los charcos del patio de enfrente. El señor que suele dispararle a los caminantes con su rifle .22 se asoma por la ventana, ha pospuesto su fantasía. El agua sigue corriendo por el cauce natural vuelto la calle 5 de febrero.
Mientras la tormenta pasa yo escribo en la terraza, me gusta ver la ciudad en blanco y negro y evadirme del mundo. Los bombardeos no se han vuelto a presentar, por eso las campanas de la iglesia más cercana no dejan de sonar. Dicen que por la noche los aviones regresarán, esperemos que no porque a mi escuadra sólo le queda un tiro y mi casa ya no tiene techo.

viernes, julio 25, 2003

El señor R quiere mucho a su colega JH. Lo protege de las lenguas morbosas y diabólicas de la crítica (No quiere que el mundo sepa las transas que hacen con las becas ni quiere que no enteremos de que JH vende libros pornos en las segundas). Para ellos ha elaborado todo un plan. Tiene encerrado un mes en su cuarto leyendo estrategias militares. Ha pensado en colgar a AF de un árbol, incinerarle los testiculos, mandarlo a matar en un asalto. Cuidado, podría usted figurar entre los desgraciados en manos frias de mister Ojete.
El señor Baboryni encontró en su lugar de trabajo una carta con una flor impregnada de recuerdo. Decía lo siguiente:


Señor Baboryni:

Le saludo desde la ajetreada tienda donde vendo calcetines. Desde este escritorio donde hicimos varias veces el amor a la hora de la comida. No he dejado de pensar en usted, sobre todo por su maniobra para entrar sin tocar la puerta y robar mi bolso. Espero que con el dinero que encontró allí, le haya alcanzado para llegar a Valencia.
¿Que cómo me enteré de que está usted en esa ciudad? No me cuestiones. Sentí como esculcabas mi piel, como metía las manos y sacaba de entre mis pechos las monedas de oro, el pasaporte de entre mis piernas, la vida de un rasguño. Me dejastes en el contenedor sin pensar que despertaría en el relleno sanitario. Que locura.
No debería de preocuparte esto. Ya estoy de regreso.

Atte. Nidia


Baboryni salió de la llantera donde trabajaba. Podía escuchar los latidos de su corazón. Sacó de su bolsa en la camiseta un carrujo de sonrisa. Escuchó los tacones de Nidia a sus espaldas, después el estruendo. El calor entró por la espalda, tenía sangre en el estómago. Se arrodilló. Las espinas de las rosas fueron fantasmas, imágenes distorcionadas, luego obscuridad.
Nidia guardó su pistola calibre .22 y se fue.
Así de sencillo.

jueves, julio 24, 2003

Un día Oriana me dijo:
"Parece que todas las vidas necesitarían una ventana a la calle 16, un cerrar de cortinas y un toque en la puerta. Y tú abriste ese hueco necesario entre este y aquel lado, la puerta por donde paso para llegar a tu espacio"

Ahora sé que ella sí existe, vive del otro lado del orbe
Crímenes de mujeres en Juárez

Ya lo he dicho en varias ocasiones. Los crímenes de mujeres en la ciudad del burrito y la violencia tienen un significado más allá de la inseguridad que vive la frontera chihuahuense. No es casualidad que después o antes de eventos importantes referentes a combatir el problema se presenten más asesinatos. Existe una versión desde hace años que maneja la Procuraduría General de la República y de Seguridad Nacional acerca de que los bestiales crímenes tienen fondo político para desprestigiar ciertos grupos de poder.
Lógicamente esto no comprende a un solo partido político (aunque parezcan uno mismo). Si ustedes dan una revisada al link que hay en esta página sobre el tema, encontrarán una cierta 'casualidad' en algunas cosas. Ahora fue a unas horas de que inició el Programa de Seguridad Pública en la cual participa la Policía Federal Preventiva. Mañana seguramente será cuando vaya el gobernador Patricio Martínez a la frontera. No se preocupen, aquí está el gato encerrado.
El domador

Llevaba una hora de inmovilidad arriba del árbol de juguete que los cirqueros le trajeron para distraerse. Cuando decidió incorporarse a la vida saltó sin soltar su látigo, las rodillas se le morían, las gallinas salieron despavoridas y hasta al equilibrista le latió más rápido el corazón. Caminó unos pasos hacia la entrada del circo donde estaba el payaso con un bulto de hojas en su mano izquierda, y comenzó a gritarle que él tenía la culpa de que los relojes se hubieran descompuesto.
"Y ahora a qué horas le voy a dar de comida a mi león" gritó en varias ocasiones. Los emás sólo atinaron a maldecir una carcajada.
Se hicieron los del oído sordo y la mueca perdida. Después del acto, enfiló otra vez al árbol mientras la tragedia que acompañaba al motociclista que había atropellado a su gato con el que había pasado los últimos ocho años, seguía consternando a los cirqueros. La muerte de "Don Guyo" le dolió más que la de su madre. Todos están de luto en el circo.
El Payaso

Por mi calle vacía un payaso sentado en la banqueta ha pasado dos días inflando globos. Viste un pantalón de mezclilla color amarillo y una camisa azul. ¿Qué imagina mientras se abrocha las cintas (lo ha hecho una decena de veces en la última hora) de sus zapatos gigantes? Saca de su bolsillo un cigarro, lo enciende, sonrie. Tiene una nariz de boton color rojo y una peluca estilo afro color verde. Se levanta, da una vuelta y cuenta con los dedos apunta hacia su ángel, las nubes que naufragan la ciudad. Tiene junto a una alcantarilla nueve libros de literatura alemana. Dice mi vecina que arrancó las páginas del libro Bajo la Rueda de Herman Hesse. Yo no lo creo, está muy cuerdo para hacerlo.

miércoles, julio 23, 2003

Recuerdos de Carmen, la etarra, hace diez años

...tantos kilómetros lejos de ti. Ahora cargo mi cruz en Colombia, la del recuerdo, la de aquella sombra que bifurcaba nuestras vidas en tiempos de pólvora y dinamita. Cuántas veces caminamos por la banqueta tomados de la mano pensando mil cosas. El café y el tabaco, sus labios, una mezcla de tormenta y calma recoriendo flores en el desierto, paisajes a la hora de estar lejos de ti, una cama te espera, aquí en Cali, donde la droga ha crecido en las macetas del Ayuntamiento.
La causa, la revolución, el cambio, siguen pendientes junto a mi herida en el ombligo. Aparentar ser un sacedote no es nada facil. Te necesito.

martes, julio 22, 2003

Cuarto Asfalto


En ocasiones la gente crea mitos o leyendas de las ciudades donde le ha tocado vivir. Algunas veces para mal, otras para bien. De esta manera legitimizan su estado emocional producto de su estancia en esos lugares. Lo anterior me recuerda a Juan Equis, el joven de treinta años, poeta frustrado con dos divorcios y una águila tuerta que decidió aceptar una invitación para ir a trabajar a un pueblo llamado Cuarto Asfalto.
Al principio las cosas pasaron de sobre manera bien: dinero, mujeres y algunos lujos olvidados en su infancia pudo disfrutar. Sin embargo, una mañana su águila estuvo a punto de morir y le bastó eso para decirle adiós a todo -o lo poco- que había logrado conquistar.
Desde ese momento todo en él fue negatividad, presagio del mal, engaño de muerte. Las calles, los estadios y el mundo de Cuarto Asfalto lo atormentaban.
A menudo en sus textos le decía "pueblucho" y hasta logró ponerle varios apodos como "Cuatro Calles", "Pueblo sin Ley" y otros etcéteras. Su coraje vencía la nostalgia. En lugar de plasmarlo en sus tristes y desgraciados poemas para mejorarlos, los empeoró, hasta que llegó el momento de regresar a ese desierto.
Entonces el mundo fue otro. Sus poesías, versos a fuerza de nada se tornaron chistes, breves desencatos del vocablo lunático. Todo era queja. Después de estar un mes en Cuarto Asfalto empezó a morir de hambre. Hasta el día en que escribo esto Equis no tiene casa ni comida, ni vida. Se volvió parte del mito creado por\no haber podido hacer nada. Triste historia. Dolor es Dora de antes.

lunes, julio 21, 2003

Carmen, la etarra

Tengo diez años dentro de este lugar, perdido. Aún recuerdo los primeros días con los etarras y mi guerra apocaliptica contra los italianos y alemanes. Uno de esos días en que planeábamos jugar con McDonald's en Barcelona, saqué de la mochila el artefacto: una muñeca. Yo estaba en el techo del Edificio Tres y la dejé caer. Pude ver sus ojos muertos viendo hacia el cielo que daba vueltas. Caía hacia la banqueta de asfalto,de piedra (bang) acerrín. Sonreía. Hacía mucho calor.
Carmen me tomó de la mano y nos volteamos a ver antes de sentir la explosión. Fue agradable. Nos pusimos uniforme escolar e inineramos nuestra extravagante vestimenta. Bjamos de prisa por las escaleras que estaban rayadas con frases a nuestro favor. Aquello era un laberinto, descendía, agonizaba. No era el efecto del sedante sino el del éxtasis.
Por el cristal del segundo piso pude observar a la gente correr, la calle estaba invadida por el polvo y los gritos. Santo Dios Etarra.
Alejarnos de ahí fue un error. El taxista notó nuestro miedo ¿o gozo?.
El hijo de puta sacó su 9 milimetros y nos disparó en el estómago a los dos. Los edificios y los carros que había a nuestro alrededor eran de sangre, un dolor abismal. A Carmen no pude hacerle nada, más que ponerla sobre mis piernas. Yo me moría, ella divagaba.
Ahora, una década después metido de sacerdote en Colombia, tengo una eternidad que no la veo. Prepararo mi guerrilla urbana en Cali, ella, según me dijo un amigo de la milicia uruguaya, trabaja en Seguridad Nacional de España. Debe estar esperándome...
Mi estimado Zerk, imagino la imagen de El Recro con Jorge Humberto Chávez reclamándote tu crónica a la presentación del citado libro. El delegadete regional del Instituto Chihuahuense de la Cultura, debería de ponerse a trabajar y conseguir un lugar para que no tenga que andar de perrito faldero consiguiendo quien le abra las puertas para una presentación cultural. Parece que ya le ganó el estilo chambón...
burócrata.

Una noche de borrachera con Maury R. (ZERK)


En el otoño del año 2000 mi amigo Mauricio y yo, adoptamos por costumbre embriagarnos en la vieja zona turística de Ciudad juárez, cuando el dinero no nos alcanzaba para comprar más de treinta y seis kilos de cacahuates. Mi amigo, el escritor, el soñador, es un tipo bueno, de eso no hay duda, de lo que guardo pequeñas inquietudes son con sus problemas (a intérvalos) emocionales que en ocasiones nos metieron en serios problemas con la Ley. Mauricio, cualquiera que lo conozca en la frontera el burrito y la violencia no me dejará mentir:
en ocasiones cuando la redacción se encontraba como después de una guerra, le daba por gritar incoherencias, estupideses pues.
Un viernes escupió desde su locura un lamento desgarrador. Cuando fuimos corriendo hasta su cubículo encontramos una imagen poco elegante. Zerk se encontraba descalso intentando pasar por encima de una tabla llena de clavos. Fue increíble, pero lo logró (con algo e sangre). Desde ese momento sabía que había que tener cuidado con él.
Terminando nuestro turno de trabajo e el periódico Norte de Ciudad Juárez, ese día le tocó la guardia, la cual salía antes e la media noche y yo en aquel entonces, (como hoy, pero en Sonora) era Coordinador Editorial, por lo que salimos a la misma hora.
Nos dirigimos a emborracharnos y nos encontramos con el buen Juan Pablo Santana que nos invitó al Open de la Avenida Juárez. Después de varias cevezas se me perdió. Eso no tendría nada de malo, si no fuera porque lo enconté parado de manos en la esquina del bar. Fue degradante. Dios (o Diablo) mio,- dije.
Mucha gente estaba alrededor contando el tiempo que había durado. Una amiga de él me dijo lo siguiente (o algo así):
-Qué le pasa a este cabrón, ya ni la chinga-
Pagó para que le pusieran como quince veces la canción de Pigs (Three Different Ones) de Pink Floyd. Mucha gente se salió y ahí empezó el problema . Ya no traíamos dinero y el dueño del bar nos quitó el pasaporte (el cual no volvimos a recuperar hasta después de diez meses)
Al salir de ahí (Juan Pablo salió huyendo por la pena, imagino) el tremendo Maury se quedó dormido debajo de un carro, que dizque para contar las tuercas del motor. Cuando despertó (yo decidí quedarme a dormir en un parque) tenía el rostro manchado de aceite. Era muy penoso verlo así.
Ahí fue cuando inventó lo de "Estamos en París" -cosa que me achaca a mi-. El tipo vagabundo que es inició su alarido: "Estamos en París. estamos en París. estamos en París..."
Eran como las cuatro de la mañana...

**(Lo demás lo cuento después, pero está igual de loco, ya contaré las veces en que fue acumulando sus libros en el congelador, según él para que no se enfriaran las historias, ahora ya ha cambiado un poco, eso espero, todo era producnto del divorcio, ¿verdad Maury?
No hy como meter las manos al congelador y salvarle la vida a tu mujer que acostumbra dormir en ese lugar.
No hay como recibir un e-mail de Carmen desde España y te saque de la cama (por alarma) o gritar cuando mete gol el Real Madrid.
No hay como ponerse borracho mientras llueve, salir al boulevard y gritarle al mundo que todo te vale madre.
No hay como sentarse a escribir sin tener ganas de hacerlo y dar con tu mejor poema en una tarde triste.
No hay como llegar al periódico y en cuestión de segundos todo se vuelva un silencio.
No hay como darle la mano a una mujer que está dando a luz (sentirás su dolor con un rasguño).
No hay como creerse que se está en un lugar o colgarse de las manos toda la noche frente al árbol donde besaste a tu primer novia.
No hay nada como este momento. Una eternidad.



jueves, julio 17, 2003

martes, julio 15, 2003

Ayer vi a Roger Waters fuera de Walmart. Vendía discos piratas. Traía un pantalón de mezclilla azul deslavado, una playera con una imagen de Pink Floyd y una camiseta negra, una cachucha color negro, unos tenis nike, unos lentes obscuros tipo aviador que casi le tapaban el rostro, una guitarra colgaba de su espalda. Lo observé desde mi auto en movimiento y mientras buscaba un estacionamiento corrió entre los carros brincando por los cofres y techos de varios automóviles último modelo. Fue peliculezco. No lo pude alcanzar y para colmo el poli gabacho me multó por dejar una bolsa de pan podrido en el asiento del copiloto.
Si alguien lo ve dígale que lo ando buscando para hacerle una entrevista. Pudo haber ido hacia Dallas o San Antonio -Creo-.
Algo extraño le pasó a mi blogs que se refiere a los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez desde las pasadas elecciones. La información se puede ver pero no puedo postear ¿alguien me puede decir que está sucediendo? ¿O ya empezó el gobernador narcoide de Chihuahua a meter sus manos en mi página? (lo de narcoide lo digo por Patricio Martínez)
Caminar por caminar. Salir a buscar un encuentro cualquiera, quizá la muerte en la esquina de la plaza donde aprendí que las ciudades eran meros refugios, centros comunitarios en el que convive la avestruz y la jirafa en ese mar llamado cielo. Cada paso, cada intensidad, (por ejemplo tomar las manos de una mujer para no caer) son coincidencias bajo los bombardeos de esta tarde en blanco y negro. La lluvia tiene horas, billetes de cien pesos que naufragan entre la corriente de agua hacia el Santuario donde se ha congregado la gente. Luego pasan mis reflejos,
una estaca de madera,
un barco con el último respiro de vida de un taxista, la lechusa sostenida sobre un cable de alta tensión parece no darse cuenta de la situación.
Entre los minutos (la sirena) una ambulancia, en sentido contrario ¿a dónde va?
un payaso cuenta monedas en el pretérito de esta historia sin saber que hoy no comerá.
La línea de la discordia no es mas una lámina de sueños, una víbora de Picasso.
De un lado la arena vale oro, del otro vale sólo arena sola

lunes, julio 14, 2003

Nogales

Un destello de angustia, tu casa
soledad extendida en la alfombra
obscuro precipicio,
puerta entre dos mundos.
Frontera, camino abstracto,
brújula (des)compuesta
por el calor
huesos
sangre sobre arena.
Llueve en Nogales, Sonora

Se me ha olvidado el calor de Ciudad Juárez. Pienso que el de Nogales, Sonora, es más fuerte, invencible, casi. Ha llegado la temporada de lluvia. Ayer fue el tercer día consecutivo de tormenta eléctrica. Por las tardes siempre llueve, pero por las mañanas esto parece el infierno, dice la gente de la ciudad. Los relámpagos recorren el cielo y parecen a veces tejer las heridas que el Diablo dejó sobre la piel de Dios. Es un espectáculo que de alguna manera te hace salir del círculo diario, ver más allá de la mancha que nos persigue llamada sombra, o pensar que todo es igual y que los gatos ya no toman café frio a las diez de la mañana.
Las tormentas pertencen al sexo, a la nostalgia de un tren que parte con tu historia, así podríamos definir las precipitaciones pluviales, en términos aburridos y un poco más técnicos. Ayer prendí un cigarro que hubiese querido fuera de otra cosa que no fuera tabaco. Me pareció que estaba en la sierra de Chihuahua, en Creel para ser explícitos. Y es que las montañas y los cerros que hay en esta frontera en algunos flashback me remite a aquel lugar tan diferente. No sé por qué.
Dicen que la lluvia es fuente de inspiración. Yo comparto esa idea.
El hombre de la barba

Martes 14. Ahí estaba el señor con sombrero y de barba larga, canosa, desalineada. Comía una rebanada de melón. Sentado sobre un balde afuera de la cantina pasó los últimos ocho días con el mismo periódico en sus manos. Debió haberse aprendido de memoria cada noticia, cada mentira. Vestía una gabardina perforada por el tiempo, sus bolsas estaban rotas y las mangas seguramente llegaron a pertenecer a otra prenda, pues era de una tela totalmente diferente, aunque casi del mismo color grisáseo que el resto de la gabardina.
Aún puedo ver aquella dramática imagen. Primero escuché su grito lejano "Ya se los cargó la chingada". Giré a mi derecha para ver qué ocurría. Me disponía a subir al templete del boleador para hacerle parcecer a la gente que mis zapatos eran nuevos. La distancia entre él y yo superaba la media cuadra fácilmente. Después de su última palabra se sacudió la cuadra mientras se escuchaba todavía el eco de una detonación. El tipo resultó un suicida, un loco, silencioso acróbata de la nostalgia que decidió llevarse la vida de treinta personas.
Lo viví como en una película. Pudo haber sido una calle de Beirut, Bogotá, Buenos Aires, Montevideo, Ciudad Juárez, pero fue una calle sin pavimentar de este pueblo incrédulo.
Las llegada de los medios de comunicación no se hicieron esperar. El terrorismo daba inicio en donde menos se esperaba. Cuántas veces llegamos a pensar que en México nunca sucedería. Nunca imaginé que este pueblo resucitaría gracias a un terrorista que no era terrorista. Llegaron empresas maquiladoras a imprimir en camisetas, botones, llaveros, relojes: "Pedro el terrorista". Nos hicieron famosos en todo el mundo. A las pocas semanas el Gobierno Federal, olvidado ya de este lugar, tuvo que instalar una oficina especial de Turismo. Miles de europeros atraídos por el extraño sujeto llegaban cada semana. Abrieron café internet, una tienda de recuerdos; el lugar de la tragedia fue convertido en "El museo del hombre bomba". Afuera del lugar se apostaron varios vendedores con fritangas, otros con aguas frescas, refrescos, incluso hubo quien resurgió de entre la miseria y ya tanía un puesto de quesadillas. La Coca Cola inauguró su empresa en medio de una gran fiesta. La primer botella llevaba la imagen del hombre de la barba con sombrero.
Los artistas apagados hasta aquel tétrico día, pintaron cuadros inolvidables, compusieron canciones bellísimas y los poetas pusieron sobre las hojas de un árbol más de diez versos para no dormir.
Qué bonito sería si en cada población hubiese un terrorista.