domingo, junio 08, 2003

Diálogo perdido


-Es muy fácil pinche César-
-No creas, durante los últimos días no he podido dormir bien de pensar en hacerlo-
-Eres muy nervioso, deberías de ser más frio, que todo te valga madre...-
-Imposible. Lo que hemos venido haciendo con esa gente, a veces me provoca un cierto dolor-
-No mames- (interrumpe, se mesa el cabello)
-De verdad, a veces me arrepiento de eso. Ver llorar a sus hijos y la mirada extraviada de sus padres...qué poca madre... que culeros somos Daniel- levantó la voz.
-Será el pinche sereno, pero no te me vayas a rajar hijo de la chingada- Sus palabras son una amenaza, un relajante al final de cuentas.
Ambos rien y dan un trago a su cerveza. La sombra del arbol sobre la pared dibuja un crucifijo, los rayos del sol que se va, entran hasta el fondo, se puede ver en ellos las partículas, tierra en acción, ruido ensordecedor, los vidrios caen de forma lenta -rápida- una bala emigra la conciencia de César.
-Puta madre, dónde te dieron carnal, César, carnalito no pasa nada- Su hermano no respondía.
Daniel lo arrastró a un lado de la cama para protegerse. Sabía que en cuestión de segundos entrarían a rematarlos. Puso su oreja sobre el pecho del herido, el corazón latía agitado. La sangre emanaba del cuello. Era una herida de muerte, lo sabía bien.

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