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lunes, junio 09, 2003

Cuatro meses

Hace casi 120 días que llegué a Nogales, Sonora, una ciudad distinta, además de que uno tiene que ir siempre a los mismos bares -hay muy pocos que me gustan. sólo tres- es seis veces más pequeña que Ciudad Juárez. Sus habitantes son buena onda, muy amables por cierto, ejemplos: siempre te darán el paso en una calle, todavía respetan a los peatones y si te encuentras a alguien caminando, regularmente te saludará deseándote el buenos días, tardes o noches.
Existen cosas muy extrañas como los sitios de taxi. Puedes encontrar uno en cada esquina, yo no sé de qué viven (bueno si sé, son polleros y venden cocaína, hace dos meses publiqué un reportaje de ellos) porque casi nadie los utiliza. Con seguridad en proporción Nogales sale ganando a mi otra frontera.
Otra cosa para apuntar es que como la 'urbe' no está situada en una planicie, está prácticamente fincada sobre cerros (para los que conocen Parral, se parece un poco, nomás que hay unos 300 cerros más) lo que trae como consecuencia dos fenómenos extremos.
El primero que en época de lluvia (me dicen que llueve un chingo en la temporada) se hace un desmadre. La lluvia se lleva gente y las calles, muchas de ellas cauces naturales, se convierten en la peor pesadilla para los nogalenses. Hay muertos e infinidad de destrozos.
El lado positivo se puede encontrar que con tanta bajada y subida las mujeres tienen que hacer un ejercicio bastante agotador. Producto de esto hay mujeres buenas a lo bestia, a lo bestia, entiéndase así.
Aquí odian a los sinaloenses, allá a los torreoneros, veracruzanos y chilangos.
Aquí hay comida de mariscos cada tres metros, allá -para fortuna de Edgar Rincón y mia- hay burrerías cada dos pasos.
Aquí el PRI está fuerte, allá el PAN es el chingón.

Peligro (sin miedo)
Empiezo a sentir un extraño sentimiento de lejanía, la verdad no sé si voy a volver (tengo que ir a ver a mis niños) o me quedaré en definitiva.
El narcotráfico no perdona a periodistas 'valientes', ni los narcofederales les gusta perder su empleo, menos al subdelegado de la Procuraduría General de la República, al cual ya le tiramos su circo. Dicen también que los polleros (ellos tiene la segunda actividad ilícita más redituable después del narco) cuando se enojan, se enojan. Tienen contactos con medio mundo. Están cabrones pero por mi que vayan a chingar a su madre. Si regreso en un cajón de madera, por favor denuncien quién fue (yo apuesto a que será la Federal) Estén atentos.

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