domingo, mayo 11, 2003

A todos nos pasa, pero cinco o seis veces el problemita se vuelve un problemota. Digo (o dirás) que así es mi vida o que es una costumbre, un lugar común. Extraviarse en uno mismo no es un asunto cualquiera. Se requiere una buena dosis de melancolía y sueño, ganas de soñar, porque si uno carece de alguno de estos dos requerimientos andará siempre en la aburrida realidad, exasperante.
Yo veo el baile del árbol, los demás ven el movimiento; yo me conmuevo con la música, los demás la escuchan; yo estoy aquí y estoy en mil lugares a la vez, los demás están siempre en los lugares de siempre, abandonados.
Yo juego con las llaves a las escondidas, ellas me retan, adquieren vida; los demás pierden las llaves y ya nunca las encuentran, porque sus llaves están muertas.

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