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domingo, mayo 11, 2003

Carta a Abygail

Cuantas cosas pasan en este lugar Abygail. Las mañanas me recuerdan Ciudad Juárez, El Salvador, La Habana (distante). Este sentimiento a la hora de no estar en mis lugares, hace que la sangre que corre por este cuerpo ardiente, se detenga, se inmovilice. Luego las imágenes de tu cuerpo a través de la cortina blanca, desapareces, eres una paloma, una hoja de papel. Ha cambiado todo y no ha cambiado nada. El crucifijo que me regalaste la noche en que subí al camión lo tengo aún en la maleta, mis recuerdos del invernadero de esperanzas los perdí en el trayecto. "Debieron haberse caído en un desfiladero" me dijo el conductor del autobús.
Ahora, a treinta y tres años de distancia, te percibo en la entrada de un motel, con un paraguas mientras la lluvia te arrastra, te lleva. Hoy en el vidrio de la veladora pude alcanzar a ver lo que hicimos el Sábado de Gloria, la sangre que emanó de la regadera, la señora que apareció tocando la puerta (y que en realidad no era una señora) esas voces que cantaban desentonadas, a gritos, no las puedo olvidar.
Por eso te escribo, por eso escapé de una frontera para llegar a otra, porque me persiguen, porque dudan de la verdad como yo dudo de los gobiernos, de la sociedad. No dudes que antes de tres rosarios pudiera regresar a la otra vida, no a la otra vida que vos haz de querer, sino nuestro pasado, aquellos parques bajo la luna llena, los caminos de terracería y entre el campo de trigo dos niños jugando a la pelota,. He de volver.

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