martes, marzo 11, 2003

Lo que menos me preocupaba al venir a Nogales, Sonora, era vivir con un fantasma. Varios periodistas que hemos llegado de otras partes del país, nos hemos encontrado con esta sorpresa.
Anoche la puerta del baño se cerró dos o tres veces, no sin antes sentir (mientras me quedaba dormido) que alguien me veía desde el otro lado del cuarto. Y es que resulta que en las casas donde vivimos, pertenecían a la mamá del dueño del periódico. Me han comentado que la "viejita" suele pasear por las que fueron sus propiedades. No me dejará mentir el escritor Alberto Ponce de León que ya estuvo en ese lugar. Ahora comprendo sus palabras: "por sanidad mental no vivas ahí".
Imagino que debo acostumbrarme a su presencia para evitar andar despertando a Eloi Ambriz (en la madrugada tuve que pegar un pinche grito que recorrió los tétricos pasillos de la casa hasta despertar al pobre diseñadaor que dormía tranquilamente) y que sólo atinó a decir que entre más miedo sintiera la señora no iba a dejar de asustarnos.
Espero que esto sea un sueño.

AFS

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