viernes, marzo 21, 2003

El hombre y su amante

El hombre estaba ahí, en la periferia de su imaginación. No sabía si se encontraba entre cuerpos o manzanas partidas por la mitad. Caminó durante dos o tres horas hasta llegar al panteón Buena Vista, para brincar una de sus cuatro bardas de cuatro metros de altura y encontrarse con su amante. Ella estaba sentada en la fuente que está al centro del 'descansadero', con la minifalda colegial de siempre y los lentes oscuros varados en su cabello.
Esta vez tampoco se atrevió a tocarla. Desde lejos la saludó, dio media vuelta y emprendió el camino de regreso a su cama, a su cuerpo.

Antonio Flores Schroeder

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