viernes, marzo 14, 2003

Claro que uno extraña a los amigos cuando se está lejos de casa. Lo único que uno puede ver en las banquetas desoladas, son personas sin rostro, desinteresadas, amables, pero desconectadas del mundo del que yo vengo. Lo de más a veces es lo de menos y viceversa. En este lugar que no es lugar, la adaptación al ambiente y a la cultura de la ciudad es difícil pero no imposible. La vida es más rápida que en Juárez, acá no hay niños, ni mujeres, ni atardeceres mágicos, ni puentes internacionales, no hay bares como El Recreo, ni el Open, de este lado de la montaña invisible las manos tiemblan mientras amanece.
En este lugar la poesía es el desierto, y los polleros los restaurantes, la policía.
Por eso me encabrono cuando no escriben, por eso el fantasma, por eso las horas envueltas en un par de billetes cayendo sobre la alfombra. Por todo lo demás, no hay bronca, el trabajo está a toda madre. Mis palabras ya surtieron efecto en Zerk y Dolores, ya escribieron, es bueno que me recuerden, porque eso me recuerda quién soy y de donde vengo.
Edgar, muchas gracias por la rola -No sé qué dijo tu esposa aquella madrugada de poesía y música hasta las siete de la mañana, junto al tio Charly- y gracias también por escribir...
Saludos a todos, desde la ciudad de los cerros y los polleros

Antonio Flores Schroeder

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