miércoles, febrero 12, 2003

Sobre la revolución del blog

Por Antonio Flores Schroeder
¿De qué nos sirve el blog? Este bárbaro cuestionamiento se hizo hace poco el escritor juarense Edgar Rincón (harto conocido por su calidad literaria, su afición a la cerveza y la buena música). ER escribió: “Tal vez nos haga mejores personas. Pero el pensar que no estamos solos, sino condenados al ostracismo de un monitor en el que podemos ver las brillantes ideas de los demás no es otra cosa que signo del desamparo; sigo sin ver al blog como una alternativa de la promoción y el diálogo. ¿Qué intercambio de ideas puede haber sino puedes estrecharle la mano a alguien, mirarlo a los ojos y decirle sin hablar que estás de acuerdo en casi todo lo que dice?”.
La palabras parecen venir de un optimista por obligación pero pesimista por devoción (fea rima por cierto ¿acaso hay rimas bonitas?). El blog, desde luego, no es una condena sino una oportunidad -digamos que es una revolución para que se escuche más romántico- en el intercambio de ideas entre escritores que han sido publicados y los que aún ‘no han logrado esa meta’, inclusive para quienes no buscan ese cometido. Es un punto de equidad en donde (casi) resultaría imposible formar grupos antagónicos para que ciertos autores no sean leídos. El más claro ejemplo de esto es un caso de una escritora que configuró en su blog el link de ‘su enemigo’ para que los demás lo pudieran leer.
Aunque habrá quienes se aprovechen de esto para muchas cosas (como difamar o calumniar) lo cual podría tener un cierto grado de peligrosidad, por el alcance que un autor puede tener con blog, sin embargo, el riesgo es mínimo pues la mayoría de los cientos de poetas ‘afiliados a este modus operandi’ escriben para ser leídos y no para enemistarse los unos a los otros.
Pienso que no tiene uno que tener el contaco piel a piel (a menos que se busque otra cosa, pero en esas cosas no me meto) (a veces me fastidia estar poniendo paréntesis en estos ‘textos espontáneos) con quien se busca intercambiar o criticar equis tema, cuento, ensayo, poema, o hasta un simple apunte como este.
Se me hace un tanto cómico (en buen plan) que un escritor tenga que ‘estrechar la mano a alguien y mirarlo a los ojos’ para decirle qué es lo que opina de su obra. Hay algo de nuevo en esto y es algo que en nuestro país, hablando de literatura (y otras muchas cosas más) es difícil de conseguir: libertad.

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