jueves, febrero 20, 2003

Periodismo sentimental

Trabajar en un periódico puede traer graves consecuencias, y más, si uno labora en la mesa de redacción. Uno ve pasar las noticias como ráfagas de plomo por el monitor a una velocidad infernal. Se revisan los cables, AP, Notimex, SUN, AFP, etc... y ahí está el mundo. Un cabrón avionazo con 302 muertos en Irán. Que si Fox ya dijo otra pendejada, que Bush quiere la guerra y su perro llamado Tony Blair le sigue boleando los zapatos, que hubo un zafarrancho en Chiapas, que el subcomandante Marcos es puro cuento, que se equivocaron en un transplante de órganos y ya le jodieron la vida, que los marranos de TV Azteca siguen impunes, que los partidos usan la pena capital como arma política, que Lavolpe quiere un buen centro delantero en la selección mexicana, etc, etc... Cuántas cosas en un sólo día. Las consecuencias son que uno se hace más observador y con ello más sensible. Aquellos periodistas que dicen que tienen la pluma fria no son periodistas, o nos quieren hacer creer que son candidatos a gobernar el país.
Hoy una compañera reportera me contó que le tocó cubrir el hallazgo de Berenice (una niña que estaba perdida) en un terreno baldío. Que poca madre matar así a una infante a cuchillazos. Mi amiga estaba llorando sola en el patio del periódico. Estaba incontenible. A mi se me hizo un nudo en la garganta.
Luego viene la presión del cierre. Que hay que cerrar la edición a esta hora y entonces si todo vale madre. Es una carrera contra el tiempo. Sin embargo todavía quedan ganas para escribir en el blog.
Que bonito es el periodismo.

Por Antonio Flores Schroeder

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