miércoles, febrero 19, 2003

El cuarto y el agua

El joven maravilla quería un mundo perfecto, por lo que un día cualquiera decidió aislarse en un cuarto lejos de la civilización acompañado de un vaso con agua. Al principio la soledad tranquilizó su ser, luego le pareció que el agua no le iba a provocar satisfacciones necesarias para ser feliz. No tomó agua por días. Cuando la sed le ganó optó por ir a darle un trago al vital líquido. Su garganta y sus labios estaban secos y sus ojos sumidos en el olvido.
Tuvo una sorpresa. El agua tenía lama. Trató de limpiarla mediante un filtro hecho a base de su camisa. Entonces pudo tomar algunas gotas para sobrevivir, y estar contento consigo mismo durante unas horas.
Por la noche la temperatura descendió y el joven maravilla sin camisa comenzó a sufrir de nuevo; el frio llegaba al grado de la insoportabilidad.
-A chingar a su madre el mundo perfecto- alzó la voz arrepentido.
Después de muchos años un hermano le fue a visitar para ver cómo resultaba su nuevo habitad, encontrando su cuerpo en descomposición, con la camisa atada al cuello y colgando de una esquina del techo.
Así las cosas.

Por Antonio Flores Schroeder

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