miércoles, febrero 05, 2003


Cuentario


Juárez, atrapada entre
las llamas de la impunidad*


Por Antonio Flores Schroeder

El nombramiento del nuevo director de Seguridad Pública, José Ruvalcaba Plascencia, me hace pensar varias cosas. Una de ellas que el Güero Delgado se levantó de muy buen humor el lunes por la madrugada pretendiendo hacerle una broma a los juarenses, decidiendo que ese día la urbe del burrito y la violencia tendría a un ‘gran personaje’ al frente de la corporación encargada de cuidar a los ciudadanos.
Ante tal ocurrencia debió buscar en su agenda política varios nombres que causaran una fuerte carcajada entre el público (y los medios) durante la presentación del nuevo jefe. No encontró a nadie. Decidido en hacer la broma encaminó hacia la Catedral para ver si se encontraba alguno de esos tipos extraños que rondan el lugar.
Lo primero que pudo distinguir fue la estatua de Germán Valdés “Tin Tan”, luego se encontró a un señor que tocaba la guitarra en solitario y a una mujer con un bastón pegándole a la gente que pasaba con rumbo desconocido.
Les quiso preguntar si aceptaban formar parte de la obra humorística que montaría horas más tarde pero ninguno de ellos aceptó. Al contrario, (santo susto) el alcalde estuvo a punto de ser golpeado por la viejita.
Luego, por azares del destino, se encontró a su secretario particular y le pidió que lo llevara a la Plaza de San Lorenzo. Ahí, justo a unos metros del periódico de la ciudad, vio a un indigente caminar apresurado articulando todo tipo de majaderías. Frente a la fuente pudo apreciar a un payaso que arrojaba piedras al agua y caminó hacia él para ofrecerle la mejor oferta de su vida. Tampoco aceptó.
Ya entrado en calor el presidente se sentó junto a su secretario y sonrió como si el pensamiento se le hubiera iluminado, y optó por buscar en los escombros del pasado alguien con tales características para realizarle un chiste a la ciudadanía.
Se dirigió a desayunar a un reconocido restaurante de la 16 para ver si con el estómago lleno se acordaba de alguien. Ahí, justo cuando deleitaba un jugo de naranja recordó a un exjefe policiaco (‘joven’ imberbe, de precoz bigote y de pésimos antecedentes) que habían tachado de loco después de provocar un caos en la capital por dejarla más de treinta horas sin vigilancia.
No dudó en llamarle por teléfono. Estaba a punto de consumarse la gran broma. Después de que José Refugio Ruvalcaba Plascencia aceptara venir a Ciudad Juárez para interpretar su papel, se montó la escena. Invitaron a funcionarios públicos, empresarios y a medios de comunicación y se abrió el telón.
Lo primero que se escuchó fue un montón de carcajadas y chistes entre los asistentes.
-¿Y mis palomitas?- gritó un regidor, ante las risas de la multitud.
El resto de la historia usted ya la conoce. Le han llovido críticas al alcalde Jesús Delgado por atreverse a hacer una jugarreta de tan mal gusto a esta aquejada ciudad.
Ya fuera del chiste y del cuentario definitivamente el panista se equivocó en este nombramiento. Apenas el martes “Cuco” hizo su presentación oficial con un llamativo uniforme tipo militar y con detalles en dorado como si fuera a presentarse en una función del circo Atayde.
Este tipo de actitudes son las que empezarán a elevar el malestar entre políticos, iniciativa privada y por supuesto, quienes pagamos su salario. Después de esto no se vaya usted lector a sorprender, si Ruvalcaba se presenta en Seguridad Pública vestido de Superman, Batman o disfrazado de astronauta. Basta que alguien ponga el ejemplo para que (conociéndolos) los oficiales de Seguridad Pública se atrevan a andar vestidos de charros, futbolistas o cualquier otra ocurrencia a bordo de sus unidades policiacas.
No quiero imaginarme lo que pueda venir más adelante. Su estrecha relación con el procurador de justicia, Jesús ‘Chito’ Solís podría traer un desorden sin precedentes a esta frontera. Tampoco quiero imaginarme si fue una imposición desde ciudad capital o por qué el alcalde (de buenas a primeras) se ha puesto a defender a la Procuraduría del Estado para que oculte información acerca de un nuevo hallazgo de osamentas en Lote Bravo. ¿O a caso fue una maniobra para desviar la atención de cómo Solís Silva lucra políticamente con los feminicidios?
Si ya perdonó las irregularidades del Concejo, qué podemos esperar. Andamos mal señor Delgado.


w Caso Escobedo

Se cumplió un año de impunidad en el caso del asesinato de Mario Escobedo. Aún suenan las balas de los rifles R-15 y pistolas automáticas acribillándolo. Todavía suena el eco de la bala sembrada en el vehículo del comandante Alejandro Castro Valles y todas sus mentiras. Ahora sabemos que los agentes judiciales del estado sabían a quien perseguían, y podemos reafirmar que las pruebas que ofreció el periódico Norte de Ciudad Juárez, por alguna razón ¿desconocida? no le sirvieron a la juez sexto de lo penal, Carmen Alicia Verdugo Bayona.
Uno de los testigos clave en este asesinato de estado fue Miguel Ángel ‘El Chángel’ (era quien tendería la trampa a quien supuestamente arrestarían los judiciales) declaró lo siguiente: “Los judiciales no se equivocaron y sabían que se trataba del abogado Escobedo, pero le dispararon porque el abogado les iba disparando... eso me consta porque ahí me llevaban”.
Sin embargo, señaló el testigo, extrañamente los agentes judiciales no hicieron nada por realizar el arresto durante su permanencia del abogado en el estacionamiento del Rapiditos Bip Bip si en verdad se imaginaron que ‘El Venado’ se encontraba en el interior del vehículo”.
Entonces todo indica que los agentes al mando del comandante Valles estaban cazando al abogado. La preguntas son ¿por órdenes de quién ejecutaron a Mario Escobedo? ¿Qué interés pudo haber creado ese asesinato? ¿Por qué se ha manipulado tanto el caso por parte de la procuraduría y de la juez? ¿Qué sabía el abogado o qué pruebas tenía para probar la inocencia de sus clientes? ¿Descubrió el abogado el hilo negro de los asesinatos de mujeres? Si lo sabía se lo llevó a la tumba, pero alguien más debe saberlo. Sólo falta una investigación de verdad y no simulada.


w Reminiscencia

El lunes falleció Leopoldo Ochoa, un viejo periodista. A manera de homenaje quiero recordar cuando fuimos vecinos en el fraccionamiento Universidad durante más de 15 años. Fue más o menos a finales de los ochenta (estaba yo en sexto de primaria) cuando se asomó la primer luz de letras a la ventana de mi infancia. Un día, Héctor, su hijo menor (creo) nos invitó a varios niños a la casa donde se acababan de mudar. Tenía una gran alberca y un departamento externo donde había unas mesas de billar.
Al entrar don Polo se encontraba escribiendo en una máquina Olivetti junto a una botella de tequila y un plato con pistaches, justo bajo una de las palmeras que se encontraba frente a la alberca. Escribía sin parar y recuerdo que duró escribiendo hasta ya entrada la tarde. En ese momento pensé (no sé por qué...) que mi destino iba a estar en el periodismo y gracias a Dios así fue.
Otros recuerdos: Un viernes llegó de trabajar y así porque si, mandó a poner columpios y bancas en el parque. Al día siguiente lo convirtió en un pequeño campo de golf. Era cuando todavía había infantes felices. Que descanse en paz.

*Artículo publicado el 6 de febrero en la sección editorial del periódico Norte de Ciudada Juárez

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