martes, enero 28, 2003


Entre la virgen y la gente


En una mañana decembrina una mujer
vestida de tierra y con heridas en sus pies,
caminaba desierta por el centro de la ciudad.

El mundo le había encendido el vientre.
Cada vez y con mayor autoridad
las puertas de su conciencia
eran golpeadas por un ir y venir
de borrachos malolientes.

Durante algunos minutos insistió
en tocar las ventanas de casas
y cortinas de la zona. Nadie le brindó ayuda.
Al contrario, varias fueron las ancianas
que corrieron cortina,
para evitarles a sus niños
la pena de ver nacer en la interperie
a un ser humano.

No pudo más. Tomó de un bote de basura
un cartón frio y algunos
periódicos húmedos
y enseguida los acomodó en el suelo.

Se quitó la falda rota,
recogió su cabello
y recostó el cuerpo en el tendido.
Al cabo de un tiempo
pudo escuchar por fin
el llanto del recién llegado.

Nadie imaginó,
que de esa señora muerta de hambre,
nacería Dios otra vez.



Antonio Flores Schroeder

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