martes, enero 28, 2003

Entre el aire y el ruido de la noche


Flota la ceniza de un misil en llamas
mientras la luz florece
al filo de las sombras.

Cada atardecer es una brisa de niños,
sonrisas que engañan al desierto
rugen, ensordecen,
nostalgia que aflora
cuando se pierde la luz
en la secuencia de recuerdos.

Este amor delirante
convierte a la ciudad
en fotografías:
una luz, una oscuridad, una estrella;
imágenes llegan, se quedan,
(viento y arena)
desaparecen impulsadas por las bromas del destino.

Las nuestras, las valientes
impostergables mujeres
se van de la ciudad.



Antonio Flores Schroeder

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